24 de marzo de 2014

Me preguntaron: "¿Hacia dónde vamos?". Mi respuesta fue muy concisa: Hacia la muerte, definitivamentePues es así, hagamos lo que hagamos en la vida, tardemos más o tardemos menos, sea bueno o malo, ayude al planeta o no, seamos los mejores o los peores seres de la tierra, siempre, todos, vamos hacia ella. La muerte no distingue raza, etnia, color, edad, religión, clase social, nivel cultural, ni nada por el estilo. Ni siquiera distingue si somos un ser humano, un potus, un gusano o un león. La muerte nos recibe a todos, nos espera, y hasta nos persigue. Tarde o temprano, queriendo o no, llegaremos a ella. Todos los seres vivientes tenemos el mismo destino: morir. Y al conocer nuestro destino final, a nosotros los humanos no nos queda otra opción que tratar de vivir al máximo lo que nos queda, porque nunca sabemos cuándo nos toca irnos con la muerte. Entonces estando en vida, debemos hacer todo aquello que nos haga felices, todo lo que nos haga bien, tratemos de darnos todos los gustos, de sentirnos libres, sentirnos plenos, sentir que aprovechamos el tiempo de ventaja que nos dio la muerte. Porque, si bien el final que nos espera no es el mejor, podemos hacer que el camino hacia él no sea tan terrible. 
Hagamos de nuestro camino a la muerte un segmento de felicidad y euforia.

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