Definitivamente no andamos bien.
Estaba durmiendo cuando abrí mis ojos porque escuchaba una voz. Me tomó dos segundos más o menos darme cuenta que esa voz que escuchaba, era la mía. Me desperté rezando. Si señores, rezando, algo que no hago habitualmente. Era todo producto del sueño que estaba teniendo. Miles de fantasmas, entes, bichos voladores, almas, whatever. Todas me atacaban, volaban papeles, objetos, se tornaba todo en remolino, se oscurecía y yo lo único que podía hacer era eso, rezar. Primero en voz baja, pero los entes se dieron cuenta, entonces me ahogaban, buscaban asfixiarme para que me callara, para que dejara de pronunciar lo que les hacía mal. Luego empecé a rezar cada vez más y más fuerte, hasta rezar prácticamente a los gritos, para que mi voz se escuchara lo más lejos posible. Y así me desperté, gritando un Padrenuestro.
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